De Gala a Syntek: La funa y la salud mental
Por Mario Rojas R.
Están locos.
La sentencia es instantánea e inapelable.
El Gran Tribunal en que se han convertido las redes sociales, ese monstruo de millones de cabezas, escupe su veredicto sin mayor análisis.
Los hechos son irrefutables.
Primero, Gala Montes, quien sorprendió a todos al aparecer con una parte de su cabeza totalmente rapada.
Luego, Aleks Syntek, quien la noche del 15 de septiembre ofreció un concierto en la Alcaldía Benito Juárez y se enfrascó en una polémica con su público.
De inmediato, ambas actitudes fueron motivo de escarnio en la red global. Los internautas se mofaron, rieron, satanizaron a los dos artistas.
Todos opinan con la firme convicción de que les asiste la razón.
¿Y la salud mental? ¿Alguien se ha preocupado por los procesos personales que una y otro han enfrentado a lo largo de su vida y en fechas recientes?
El cantante y productor mexicano que triunfa en Estados Unidos, Mauricio Martínez, escribe: “Todo mundo opina. Pocos saben lo que significa estar sobre un escenario, con un micrófono abierto y miles de ojos encima”.
Con preocupación, precisa: “Un momento desafortunado no borra una trayectoria. Yo he estado ahí, en el ojo del huracán. Por eso me inquieta la facilidad con la que pasamos de cuestionar una conducta a celebrar la caída de una persona, incluso diagnosticándola desde una pantalla sin conocer lo que está viviendo”.
Acepta el comentario ajeno al trabajo de las figuras públicas, pero matiza: “La crítica es válida. La crueldad no es necesaria. No hace falta apagar a nadie para brillar. Y tampoco destruir a alguien para señalar un error”.
La columnista Susana Moscatel reflexiona en el mismo tenor: “Me costó ver las imágenes de Aleks Syntek perdiendo el control de su público y, aparentemente, también de sí mismo, en un concierto gratuito en la Benito Juárez. No porque ignore sus polémicas ni porque crea que un artista deba ser inmune a la crítica. Me costó por el evidente placer de muchos al verlo caer. El monstruo de las mil cabezas siempre existió: el público. Sólo que ahora cada cabeza tiene cámara, cuenta y algoritmo. La peor pesadilla de cualquier cantante cabe hoy en un reel para millones”.
También se refiere a Gala Montes: “No pretendo diagnosticarla ni sé qué ocurre en su vida. Justamente por eso me inquieta ver cómo cada gesto, video o episodio delicado se convierte inmediatamente en contenido, reacción, burla, pero sobre todo en el producto más vendido en la era del clic. ¿Le haríamos eso a alguien que pasa por algo así en nuestra vida diaria sin pensar en las consecuencias?”.
Justo ahí está el meollo del asunto.
La facilidad con la que, desde la comodidad de un sillón, hacemos diagnósticos sobre la salud mental de otra persona. Celebramos su caída. ¿Y si ese alguien fuera un familiar, un amigo cercano? ¿Nos reiríamos igual o intentaríamos ayudarlo?
Escribe de nueva cuenta la prestigiada periodista que hoy en día las redes sociales “toman el tropiezo, la vulnerabilidad o el mal momento y los convierte en mercancía” y tajante, cuestiona: “¿Estamos maquilando la mercancía de las caídas ajenas? ¿Estaremos listos cuando -a nuestra manera- nos ocurra a nosotros?”.
En ambos casos hubo un uso indiscriminado de términos clínicos por parte de los internautas. Usuarios en plataformas digitales calificaron comportamientos de ambos artistas como supuestos “brotes psicóticos”, sin analizar que ese término implica una pérdida real del sentido de la realidad, alucinaciones o delirios que imposibilitan temporalmente la funcionalidad de una persona.
Lanzar diagnósticos basados únicamente en fragmentos de video descontextualizados trivializa las condiciones reales de salud mental. Además, genera un impacto emocional negativo y riesgos de aislamiento para los involucrados.
Ambos casos demuestran la urgencia de normalizar el cuidado psicológico sin caer en el juicio o la especulación malintencionada. La recomendación de los especialistas ante este tipo de narrativas mediáticas es clara: cualquier sospecha o afectación de la salud mental debe ser evaluada y tratada en un entorno confidencial por profesionales de la salud, alejando el bienestar emocional del espectáculo y el ruido de las redes sociales.
último video
Noticias en tu Mail
Recibe actualizaciones de Renovarte Magazine







