Sabores que nos llevan a casa
Las Tradicionales Cazuelas de Guisados rescata la cocina familiar mexicana y convierte los tacos en un homenaje a la memoria, al sazón y a esos sabores que siempre saben a hogar.
Hay comidas que alimentan y otras que, además, abrazan. La cocina mexicana tiene esa capacidad de llevarnos de regreso a un momento, a una persona o a una mesa conocida con apenas un bocado. Su verdadero encanto está en los contrastes: puede reinventarse en una mesa sofisticada sin perder la maestría de una receta aparentemente sencilla.
Bajo esa filosofía nace Las Tradicionales Cazuelas de Guisados, en la colonia Roma, un proyecto de los chefs Lula y Nicolás Martín del Campo que decidió mirar hacia adentro para recuperar algo profundamente cercano a sus raíces: la cocina mexicana de casa.

La verdadera magia está en la cocina
El concepto busca rescatar y enaltecer la cocina familiar, artesanal y bien hecha, sin recurrir a sabores lejanos o interpretaciones pretenciosas para sorprender. Aquí la apuesta está precisamente en lo que conocemos: en la memoria afectiva del hogar, en el guisado que preparaban nuestras madres y abuelas y en ese primer bocado que puede convertirse, casi de inmediato, en un apapacho para el alma.
La experiencia comienza con un pequeño tazón en forma de corazón en el que se sirven frijoles de la olla en cortesía. No es un detalle menor: la intención es que todos, especialmente quienes vienen de otros países y quizá no pedirían frijoles por iniciativa propia, puedan probar desde el primer momento una parte de ese México profundo que define la propuesta.



Sazón de generación en generación
Detrás de las cazuelas está Angie, una joven cocinera cuyo sazón tiene una historia familiar. Su abuela comenzó hace 40 años con un puesto de guisados en Chimalhuacán; después se incorporó su mamá y, finalmente, ella. Tres generaciones de mujeres que han transmitido una misma manera de entender la cocina y que hoy se refleja en cada plato.
Todo se prepara desde cero, sin pastas comerciales ni jarabes artificiales. Entre los imprescindibles están los tacos de mole verde, tortitas de coliflor en salsa verde, cerdo en chile morita y nopales, bistec con papas, chambarete en chile cascabel, papas con longaniza, chile relleno de queso o albóndigas.
Y hay un detalle que hace toda la diferencia: las tortillas se elaboran ahí mismo, a mano, por Angie, y llegan a la mesa recién hechas, calientes y listas para recibir cualquiera de los guisados. Se pueden pedir directamente en taco o por porción, acompañados de sus tortillas; también están disponibles el arroz, con la posibilidad de sumarle un huevo estrellado, y los frijoles de la olla.

Para acompañar y quedarse un rato más
La nostalgia también se bebe. Para acompañar los tacos hay refrescos tradicionales de la Cooperativa Pascual Boing y aguas frescas preparadas diariamente con fruta natural.
Pero la barra guarda una sorpresa: elWhiskey Sour del Doctor, preparado a partir de la receta del padre del chef Nicolás, quien efectivamente era doctor. También hay caguamas, tequila, mezcal y destilados artesanales como Sotol, Raicilla, Bacanora y Pox.
Y porque una comida mexicana memorable también necesita un final dulce, la carta propone dos clásicos: Carlota de limón y Capirotada. Dos postres que mantienen hasta el último momento esa sensación de estar comiendo en casa.
Horario: lunes a domingo, de 11:00 a 19:00 horas.
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