Mireya Ramos ahoga sus penas con rancheras
Por Mario Rojas R.
El camino de Mireya Ramos en la música latina es único. Es cantante, compositora, violinista y fundó Flor de Toloache, primer mariachi femenino en Nueva York. A la par desarrolla una carrera solista que va de la experimentación a la música ranchera.
Ganadora del Latin Grammy y nominada varias veces al Grammy estadounidense, Mireya grabó recientemente Guerrera, un EP de seis temas que rinde homenaje a la fuerza femenina y a la identidad cultural, y ahora presenta Copas y besos, un trabajo con siete canciones que le cantan al desamor con la fuerza de la música ranchera. Tres de esos temas son de su propia inspiración.
Copas y besos, el título de tu nuevo disco, es el nombre de un tema de Jenny Rivera, pero también evoca una nostalgia muy de cantina. ¿Cómo conectas ese desamor clásico del mariachi con tu perspectiva como mujer en este 2026?
Este disco y el anterior los hice porque a veces hay una expectativa de cómo una mujer debe procesar un duelo, sentirse vulnerable, estar sensible. La gente espera que el amor se exprese de cierta manera, entonces, yo quise desahogarme. En algún momento todos sentimos un desamor, estamos vulnerables y todavía en 2026 la mujer no es totalmente libre de expresarse porque nos dicen: “Ah, es muy dramática”. La gente piensa que una debe actuar de cierta manera y eso nos cohíbe. Por eso, siento que debemos normalizar el sentirnos vulnerables, sensibles y quizá a veces tomar decisiones impulsivas. En cierta manera, este disco es para desahogarme con una ranchera, me estoy dando permiso de vivir mi duelo con una canción.
También de dolor se canta…
Exacto.

Tu padre era mariachi, ¿su recuerdo te inspiró para la selección de estos temas?
Mi papá me inspiró de todas las maneras posibles y yo hago lo que hago gracias a él, a la experiencia de verlo conectar con la gente y conmoverla con su canto. Es una memoria muy especial que inspiró mi carrera y siempre soñé con conectar con el público de esa manera.
Al ser un trabajo acústico, sin toda una producción detrás, la voz y el violín quedan totalmente expuestos, ¿cambió tu preparación vocal y tu enfoque en el violín?
Esta producción está más enfocada en mi voz, en la interpretación, el sentimiento y la simplicidad de las rancheras, de las raíces, que comenzó con alguien agarrando una guitarra y acompañando a otro en su sentimiento. El violín no tiene protagonismo en este disco, pero es como una extensión de mi voz y seguro para el próximo va a tener su momento.
Las canciones son fuertes, ¿cómo fue arreglarlas en un formato acústico sin que perdieran esa fuerza?
La ranchera es así, son melodías simples, pero que te dan el espacio para jugar con tu voz, con el sentimiento. Al final del día la ranchera viene de una voz y una guitarra, entonces, para mí era importante que, más que nada, se escuchara el sentimiento y para lograrlo necesitábamos quitarle todos esos adornos. Eso también tiene mucha fuerza.
Recientemente lanzaste también Guerrera, un disco de soul, jazz y R&B, ¿Besos y copas fue como una necesidad de volver a tus raíces?
Fueron muchas cosas, además de regresar a mis raíces fue una forma de desahogarme. En Guerrera también me expresé de esa manera, pero musicalmente me inspiró el trombonista que grabó en el disco y ayudó a producirlo. Él me dijo: “Tienes que grabar un álbum solo con tu voz y una guitarra porque es muy emotivo y la gente conecta con eso”. Él impulsó toda la idea y al final resultó siendo una colaboración entre amigos.

“Penas de amor”, “Quiero volver” y “Regresa” son composiciones tuyas, ¿cómo te sentiste en esta faceta?
“Penas de amor” y “Regresa” son mis primeras dos rancheras que compuse hace muchos años y era otra etapa. “Penas de amor” la hice en mi primera relación y cuando rompí me desahogué en esa ranchera. “Regresa” ya se inspiró en la ruptura de una compañera de Flor de Toloache. Cantarlas fue como terminar un ciclo y comenzar otro nuevo, cada vez que canto esos temas me recuerda el momento que viví, pero también adónde he llegado y todo lo que he pasado para alcanzar ese punto. Es nostálgico, pero también lindo. Y también es mi contribución como mujer a la música ranchera. Me di cuenta que no había muchas canciones de este género compuestas por mujeres, entonces era importante dejar ese sentimiento plasmado en un tema de ese tipo desde nuestra perspectiva.
Naciste en Puerto Rico, tienes ascendencia dominicana y mexicana, y vives en Nueva York, ¿cómo influye en tu música toda esta mezcla de culturas?
Influye de todas las maneras posibles, en la forma que canto porque, aunque sea desde las raíces de las rancheras, le añado mi propio toque, es la influencia de escuchar mucho bolero caribeño. También se nota en los arreglos, todo es un reflejo de lo que soy y lo que he vivido.
¿Cómo va Flor de Toloache?
Muy bien, de hecho, acabamos de grabar un disco y no estoy segura de cuándo va a salir, pero quedó hermoso. Es una nueva generación de Flor de Toloache, es un colectivo global de mujeres, no nada más de Nueva York. Fue muy linda la experiencia,
¿Te veremos pronto en México?
Te cuento que hace tres meses me mudé a México y tengo un show el 17 de agosto en Jazzatlán, hay varias cositas que van a salir, entonces estoy disfrutando de esta nueva etapa.
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