Gilda Garza: el arte de construir un universo propio
Hay sueños que comienzan con una apuesta y terminan convirtiéndose en un universo propio. Hace una década, Gilda Garza inauguraba su primera exposición profesional en el Hotel Live Aqua de México. La incertidumbre estaba ahí, como suele suceder cuando se decide apostar todo por una pasión. La respuesta llegó pronto: todas las obras fueron vendidas.
Hoy, 10 años después, aquella primera exposición parece el comienzo de una historia mucho más grande. La artista mexicana ha llevado su obra a algunos de los escenarios más emblemáticos del mundo, ha intervenido espacios como Rodeo Drive, en Beverly Hills, y mantiene una colaboración permanente con maestros vidrieros de Murano, Italia. Sus piezas forman parte de colecciones privadas en México, Estados Unidos, Europa, Medio Oriente y Asia.
Pero quizá uno de sus mayores logros ha sido construir una identidad artística reconocible a través de El Reino de la Luz, un concepto que reúne buena parte de los símbolos que han acompañado su obra: coronas, reyes, reinas y figuras que hablan de esperanza, fortaleza, fe y dignidad humana.
Su camino tampoco siguió la ruta tradicional. Desde el inicio decidió acercar el arte a las personas y llevarlo más allá de los espacios convencionales. Hoteles, edificios históricos, calles y escenarios internacionales se han convertido en lugares de encuentro entre su obra y el público.
“Prefiero llevar el arte hacia las personas. Nunca he creído que el arte deba esperar a que el público entre a una galería”, afirma.

La constancia detrás del sueño
La historia de Gilda Garza también habla de disciplina. Tras iniciar profesionalmente en 2016, un año más tarde ya exhibía en Caesars Palace de Las Vegas. En 2018, su obra apareció en la portada de Playboy y comenzaron colaboraciones con firmas internacionales como Roberto Cavalli.
Sin embargo, para la artista no existe tal cosa como el éxito instantáneo. Detrás de cada oportunidad hay un trabajo que no siempre se ve, pero que termina definiendo una carrera.
“Nadie construye una carrera por ti. Las oportunidades pueden abrir puertas, pero es el trabajo diario, la disciplina y la constancia lo que permite permanecer.”
Esa evolución se refleja también en su producción: de la pintura a la escultura monumental, una disciplina que identifica como el punto de mayor madurez de su trayectoria. En ellas vive el espíritu de El Reino de la Luz y una idea que resume buena parte de su filosofía:
“Todos llevamos una corona invisible; mi trabajo consiste en recordárselo a las personas.”

México como parte del viaje
Aunque su obra ha encontrado espacios en distintos rincones del mundo, México permanece en el centro de su narrativa. Cada exposición internacional representa para Garza una oportunidad para llevar consigo el nombre del país y demostrar la capacidad creativa que existe en él.
“Cada vez que expongo en otro país llevo conmigo el nombre de México. Mi mayor orgullo es demostrar que el talento mexicano puede competir al más alto nivel en cualquier parte del mundo.”
Su presencia internacional también ha despertado el interés de empresarios, coleccionistas y personalidades de distintos países. Fiel a una filosofía de discreción, la artista mantiene en reserva la identidad de quienes resguardan sus piezas, entendiendo que la confianza también forma parte del valor de una obra.

El siguiente capítulo
Cumplir diez años no significa mirar hacia atrás, sino abrir una nueva etapa. Entre los próximos proyectos de Gilda Garza están la expansión internacional de El Reino de la Luz, nuevas esculturas monumentales, el fortalecimiento de su colaboración con los maestros vidrieros de Murano y el desarrollo de iniciativas que acerquen el arte a comunidades y espacios públicos.
Su aspiración va más allá de sumar exposiciones. Garza habla de construir un legado: imaginar sus esculturas en algunos de los museos y plazas más importantes del mundo y, al mismo tiempo, abrir camino para que otros artistas mexicanos encuentren oportunidades fuera del país.
A una década de aquella primera exposición, conserva la emoción de quien todavía tiene mucho por descubrir. A sus reconocimientos, proyectos filantrópicos y apoyo a jóvenes artistas mexicanos suma ahora la certeza de que la historia apenas comienza.
“Empecé pintando un sueño. Hoy ese sueño habla distintos idiomas, viaja por el mundo y sigue llevando el nombre de México con orgullo. Y tengo la certeza de que apenas estamos escribiendo el primer capítulo”.
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