Alejandra Ambrosi: Reinventarse también es interpretar la vida

Published On: 5 julio, 2026By

Escuchar a Alejandra Ambrosi es descubrir que su historia no está hecha únicamente de foros de televisión, escenarios o sets de filmación. Está construida con decisiones difíciles, mudanzas, miedos, caídas, aprendizajes y una curiosidad inagotable por entender la naturaleza humana. Porque para ella, actuar nunca ha sido repetir un texto; es una forma de vivir muchas vidas sin dejar de construir la propia.

Quizá por eso sus personajes resultan tan cercanos. Ya sean mujeres luminosas o antagonistas llenas de contradicciones, Ambrosi encuentra siempre una verdad que las sostiene. No le interesan los héroes perfectos ni las villanas de caricatura; le atraen las personas que aman, se equivocan, se rompen y vuelven a empezar.

Hoy atraviesa uno de los momentos más interesantes de su carrera. Mientras da vida a Gina en Guardián de mi vida, un personaje intenso y emocionalmente desafiante, también disfruta la libertad de una actriz que ya no necesita demostrar nada, sino seguir descubriendo. Después de años de trabajo, ha comprendido que reinventarse no significa convertirse en alguien distinto, sino abrazar con honestidad cada nueva versión de uno mismo.

En esta charla con Renovarte Magazine, Alejandra abre las puertas de ese proceso. Habla del valor de salir de la zona de confort, de la transformación que provocan los personajes, de una industria que no deja de cambiar y de la importancia de reconocer, después de muchos años de búsqueda, que quizá la mayor conquista no está en el siguiente papel, sino en aprender a decirse a sí misma: “Sí soy suficiente.”

Construiste una carrera sólida entre cine, teatro y televisión. ¿Qué te sigue emocionando de cambiar constantemente de formato y de personaje?

Cada vez que empiezo un nuevo proyecto me sigo sintiendo como esa niña a la que le dieron su primer personaje en la pastorela de la escuela. Me sigue emocionando muchísimo. Claro que cuando los personajes son complejos, cuando tienen capas, contradicciones, heridas, deseos ocultos, es todavía más estimulante, pero incluso cuando un personaje parece no tener tanta “carnita”, creo que nuestro trabajo es encontrarla, inventarla, descubrirle vida.

Lo que más me emociona es mirar a través de otros ojos. Sentir desde otra piel, desde otro cuerpo, desde otra historia. Entender la naturaleza humana desde lugares que no son necesariamente los míos. Y también me emociona mucho la parte humana del oficio. Soy una persona muy social. Me encanta el encuentro con mis compañeros actores, con los directores, con el crew, con los productores. En cualquier formato —cine, teatro o televisión— hay algo muy poderoso en esa comunidad que se forma detrás de escena. Ese intercambio también alimenta profundamente el trabajo.

Has interpretado personajes distintos a lo largo de tu trayectoria, ¿qué buscas encontrar en un papel para decir sí?

Busco que el personaje tenga distintas caras. Que no sea unidimensional. No necesariamente tiene que ser protagonista o antagonista, pero sí tiene que tener una función viva dentro de la historia.

Por ejemplo, en Doc interpreto a Irene, que no es un personaje enorme en cantidad de escenas, pero sí es un catalizador: su presencia provoca que sucedan muchas cosas. En Guardián de mi vida, Gina es una fuerza antagónica muy rica, con muchos matices, vueltas de tuerca y contradicciones. Y en Una familia complicada, Yadira es un personaje oscuro, con huellas de abandono, carencias muy profundas, obsesionada con el dinero, pero también con un humor negro y una ironía que la vuelven muy interesante.

A mí, por mi cara o por mi energía, durante mucho tiempo me han ofrecido personajes más luminosos, más dulces. Pero últimamente me ha tocado explorar más la sombra, y eso me parece fascinante. No son villanas de “malolandia”; son mujeres heridas, contradictorias, intensas, con zonas oscuras.

Me interesan los personajes que me cuestionan, que me espejean, que me obligan a entender algo de mí y de los demás. El actor vive en un puente constante entre la realidad y la ficción. Yo observo mucho la vida, porque cualquier gesto, cualquier dolor, cualquier contradicción humana puede servirme después para construir un personaje.

En teatro dirigiste y produjiste el unipersonal Hilos, ¿qué descubriste de ti al asumir el control creativo detrás del escenario?

Lo primero que descubrí fue algo muy sencillo, pero muy poderoso: que sí podía. No me creía capaz de producir. Toda mi vida había estado más del lado de la interpretación y tenía muchos miedos, bloqueos mentales y emocionales alrededor de asumir ese lugar.

También descubrí una satisfacción creativa enorme. Poder elegir la historia que quería contar, el personaje que quería interpretar, la manera de cobijar el proyecto, la música, la escenografía, el tono, la atmósfera… fue un gozo muy profundo. Claro, ese gozo viene acompañado de mucha responsabilidad, porque te conviertes en la capitana del barco.

Dirigir, producir y actuar Hilos me dio herramientas como actriz y como persona. Me permitió pararme en otro lugar. Me hizo entender que la creación también puede ser autogestión, liderazgo, intuición, escucha y comunidad.

¿Cómo ha cambiado la industria desde que comenzaste hasta hoy?

Ha cambiado muchísimo. Cuando regresé de estudiar en Inglaterra y Nueva York, la industria en México era mucho más cerrada. Había cine, por supuesto, gracias a esfuerzos muy importantes que siguen existiendo, pero la producción televisiva estaba mucho más concentrada en las grandes televisoras. Las telenovelas eran el centro, y las series apenas empezaban a abrirse camino.

Hoy el mercado se abrió muchísimo. La llegada de las plataformas transformó la manera de producir, de contar historias y de llegar al público. Se rompieron estructuras de exclusividad, entró con más fuerza el mercado internacional y se diversificaron los formatos. Eso ha sido muy positivo para los actores, porque hay más tipos de personajes, más géneros, más equipos, más maneras de contar. Pero también ha vuelto la industria más competitiva y más exigente. Hoy no solo importa el talento; también pesan las redes sociales, la visibilidad, los algoritmos, las audiencias, las plataformas. Entonces creo que se democratizó en algunos sentidos, pero también se volvió más compleja.

En tu carrera hay proyectos comerciales y otros mucho más íntimos o experimentales. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre ambos mundos?

Me encanta moverme entre esos dos mundos. He hecho cine independiente, proyectos más artísticos o experimentales, y también proyectos mucho más comerciales y divertidos, como Fuga de Reinas. La verdad es que no me gusta cerrarme a ningún tipo de contenido, al contrario, mientras más diverso, más rico.

Lo que busco siempre es encontrar un propósito. A veces es muy evidente, como en Hilos, donde había una necesidad muy profunda de sensibilizar sobre la violencia de género; pero incluso en proyectos más comerciales busco encontrar qué espejo nos pone enfrente, qué pregunta abre, qué emoción despierta.

De tu trabajo en Guardián de mi vida. ¿Qué fue lo que te atrapó de Gina?

Lo primero que me atrapó de Gina fue su arrojo. Esa manera que tiene de ir de frente, de no quitarse, de no darse por vencida. Es un personaje con muchísima fuerza, pero también con un dolor enorme; tiene muchísimos ángulos. Es madre, esposa, rival, mujer herida, mujer orgullosa, mujer enferma, mujer enamorada. Siente celos, envidia, miedo, rabia, amor. Tiene claroscuros muy fuertes.

Y además es muy divertida de interpretar. Su manera de hablar, de reaccionar, de entrar a los lugares, de defender lo suyo… Gina es un personaje que como actriz se disfruta muchísimo porque está llena de vida, de contradicciones y de fuego.

¿Cómo construiste a Gina para evitar que fuera una villana convencional?

La construí desde la verdad del personaje, no desde el juicio. Si yo me acercaba a Gina pensando “está loca” o “es mala”, corría el riesgo de volverla superficial o caricaturesca. Y para mí Gina no se vive a sí misma como una villana.

Yo creo que las personas oscuras no suelen pensarse a sí mismas como oscuras. Nadie dice: “Voy a manipular…”. Cada quien justifica sus actos desde su propio dolor, desde sus deseos, desde sus miedos. Y ahí es donde está lo interesante de un antagonista: entender su humanidad, aunque no justifiques sus acciones.

Después de una carrera tan diversa y consolidada, ¿qué significa para ti seguir reinventándote como actriz y creadora?

Antes vivía mucho desde la idea de llegar a algún lugar. Desde la sensación de “todavía no es suficiente”: no soy suficientemente buena actriz, suficientemente bella, suficientemente culta, suficientemente reconocida. Creo que eso nos pasa mucho, especialmente a las mujeres y a los artistas. Esa autoexigencia puede volverse muy dura, incluso destructiva.

Hoy lo vivo distinto. Con el tiempo, con los proyectos, con los personajes, con todo lo que he construido, puedo mirarme con más amor y decir: “Sí soy suficiente”. Me he ganado mi camino. Lo agradezco, lo honro y lo sigo trabajando con toda la pasión.

Reinventarme hoy significa ir de adentro hacia afuera. Significa seguir viva creativamente. Seguir curiosa. Seguir buscando. Seguir permitiendo que cada personaje me transforme.

Me emociona pensar que puedo seguir haciendo esto toda la vida. Quiero ser una mujer de 80 años que todavía esté interpretando, investigando, descubriendo nuevas formas de mirar el mundo. Creo que esa es una de las grandes fortunas de este oficio: en cualquier etapa de la vida hay algo que entender, algo que expresar, algo que compartir.

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